Ben-Hur. Los jinetes a lomos de sus corcéles

“Hace una vuelta corta y rapidita por la sierra?”- me dijo Álvaro-
Qué pregunta!!
“Vienen unos amigos”- replicó-
“Pues mijol! Quiénes?”- pregunté-
“Jorge Castro, Ismael Rincón y Fran Herrero. Todos galgos de cuidado. Nos llevas a una buena de las tuyas”- respondió-

Y dicho y hecho.

Quedamos a las 15:45 para aprovechar bien la tarde, antes de que se metiera el sol.
Enfilamos la vereda del pantano del Pontón a ritmo más que majete, hasta el cementerio de La Granja, donde tocó subida ya. Los cuatro corceles que me precedían, ya iban marcando KOM y mejores tiempos Straveros allá por donde pasábamos. Yo iba detrás, pero iba, que no era poco.

Al llegar a la puerta de la Sauca y leer el cartel de la sentencia no sé qué, nos hicimos furtivos (a estos les da iguaaaal). Pero por poco tiempo, porque tardaron 20 minutillos hasta el desvío hacia El Chorro, donde ya no es terreno prohibido. Yo tardé un poco más.

Tocó un poco más de subida hasta que vino bajada y a toa leche pabajo (salvo un par de pinos en medio del camino).
A disfrutar de lo lindo en los toboganes de esta zona. Y un poco a lo loco, ya que daba el sol de cara y te guiabas por instinto. Yo pensaba que bien podíamos haber hecho un “ET”, saliendo rectos en una curva, barranco pabajo…pero no.

En breve llegamos a la vereda técnica, con mucha maleza y pedruscos en el camino.
Luego otra vereda invisible por la hojarasca, donde tuvimos que cruzar varios arroyos (en el más tocho Álvaro y yo, como no levábamos botas de invierno, nos mojamos bien los pies pal resto de la ruta).
Recuerdo que en plena bajada vertiginosa, en un arroyo donde al pasar hay piedras por “el paso normal”, Creo que era Fran, que iba tan lanzado delante de mí, que dio un salto por el lado jevi, donde hay medio metro de altura y uno de largo.
Consuela saber que hay gente más zumbada que yo, jejejeje!
La diversión continuó en el resto de la bajada, donde el camino se intuía por estar más hundido que el resto, ya que la cantidad de hojas era bestial.

Tras llegar a La Granja nos sobraba tiempo para el atardecer (normal, a esta ostia).
Así que decidí llevarles por vereditas de La Pradera de Navalhorno y la cola del Pontón, donde el ritmo era bastante rápido, tanto para arriba como para abajo.

No es una ruta muy dura, ni difícil técnicamente (salvo algún tramo), pero si lo haces a este ritmo ya verás como la cosa cambia en todos los sentidos.

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