La Bola por Fuenfría y Schmitd

El día pintaba en lluvia y viento, perfecto para subir a 2257m de altitud.

Salimos un par desde Tabanera para juntarnos en el submarino amarillo con otros 10 locos de la bici, entre Sexmeros y amigos . Como íbamos a subir y subir, no era plan de perder el tiempo con cuestecitas de tierra, piedras y peores condiciones…qué va!! Carril bici, Puerta del Campo y…una variante inesperada.

Guiados por Javi “cabra loca” cuñao de Wandar, nos metimos por un sendero, justo pasado la Puerta del Campo, consistente en fuertes pendientes entre jaras, rocas, toyas de agua, raíces, espinos y empujabike, mucho empujabike. Cuando por fin acabó este camino, vimos que estábamos justo donde empieza la Cruz de la Gallega, vamos que a punto para el patapúm parriba. Mientras llegaba toda la tropa, iban subiendo los que ya habían llegado, para no perder luego mucho más tiempo.

Como el camino era todo asfalto y demasiado fácil pues nos ayudó la lluvia, pá que no nos relajáramos. Al llegar arriba de la Gallega se oyeron voces de: “mirad, por allí por Segovia da el sol”, “y si bajamos y hacemos ruta por allí?” a lo que alguien dijo: “si tiramos patapúm parriba y subimos por encima de las nubes ya no llueve!” y hala, to dios patapúm parriba.

Al rato, dejó de llover y nos crecimos. En el Camino de Santiago unos pocos seguimos por los Aleonardos, el resto por la pista. Y veíamos el sol entre claros y nos crecimos más todavía. Al llegar a la Fuente de la Reina, reagrupamiento, papeo y a seguir; hacia la Fuenfría. A ritmo tranqui, para que al llegar no estuviéramos mucho tiempo parados, porque algo de rasca hacía. Así fue y en breve continuamos por el Camino Schmitd, casi 7 kms de pura diversión, fuerza, habilidad, destreza, senderista y alguna que otra ostia también, pero sin consecuencias. Al final del camino de mi primo Schmitd, reagrupamiento general.

Bueno los que llegaban iban tirando (no muy convencidos) para La Bola. Hubo tres que decidieron bajarse hacia casa ya, pues tenían tiempo de vuelta (y/o pocas ganas de subir La Bola). Al llegar a la puerta que da acceso a la famosa y terrible subida, estaban unos metros más arriba nada más nuestros avanzados compañeros, a los que dimos alcance en las primeras rampas (y jodidas). Cada uno subía a su ritmo, que no era poco. Bastante es seguir pedaleando sin pararse, como para echar carreras. Al rato me vi solo pedaleando en cabeza cuando llegó la que es mi sombra ya: Juan Carlos “el eléctrico” con su bici motorizada. Así, los dos fuimos superando cada rampa de esta corta pero dura subida de 3,3kms y un 12% de desnivel medio.

Todo entre la densa niebla que, a favor: como no veías allá en lo lejos el repetidor de la cima no te desmoralizabas, y en contra: nos perdimos las inmejorables vistas a uno y otro lado. *Sirva como curiosidad, cuando vas a subir, abajo en Navacerrada, es Provincia de Segovia. La ascensión es terreno madrileño; pero justo el Alto de Guarramillas es de nuevo segoviano. La temperatura subiendo era agradable, unos 3 grados.

El viento nos daba de culo, lo que facilitaba la subida y no la hacía tan molesta, pero fue llegar arriba y, aunque nos abrigamos con todo lo que llevábamos, el frío empezó a aparecer echando leches. Uno a uno iban llegando los compis de ruta…Wandar, que sobrao hacía caballitos, Antonio, Luis, Iñaki….así hasta el último, pero no por eso menos valiente (o trastornado, según se mire): Pablo el guaje. Y sin pensarlo dos veces: patapúm pabajo. La niebla y la ventisca dificultaron bastante la bajada (y los senderistas que también descendía, porque no nos oían, pese a vocearles).

La ventisca cortaba la cara y la niebla dificultaba la visión, ya que se alcanzan altas velocidades al bajar (tanto que casi hago un “ET”). Fue llegar a la puerta de abajo, parar los tres, cuatro primeros y oler a freno quemado cosa mala. La espera esta vez fue bastante más exigua que en la subida…pero empezó a llover…y con cojones. Bajando el Puerto de Navacerrada por la carretera, llovía aún más. Nos calamos de arriba abajo. Sentíamos frío hasta en los empastes. Pero según terminábamos de bajar el puerto ya no llovía y la temperatura era algo más alta, lo justo para poder seguir pedaleando.

En la Boca del Asno hubo reagrupamiento, seguimos por la carretera hasta que llegamos a Parque Robledo y volvimos a juntarnos con los que se habían bajado antes por tener tiempo de vuelta: el atajo que tomaron les llevó un poco más de tiempo de lo esperado.

Y poco más…rehidratación cervecil para celebrar el cumple de Wandar y a por otra.

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