Resérvame la birra esfera (Juanma)!! 

Prometía ser una marcha dura…y lo fue.

Un buen grupo de Sexmeros nos habíamos apuntado, así como nuestro amigo y socio de honor Loren, que sufrió y disfrutó de un día de mucho y buen patapúm parriba y pabajo.

Antes de entrar en detalles, comentar que los primeros 50 kms son muy asequibles con un poco de preparación y con algo de calma, también. Los casi 20 km del final están regular tirando a “hayqueestartotntoparairporahí” si es lo único que vas a hacer. Así que con la paliza de los 50 km antes ni te cuento. Estos km desde el CENAM tienen cuestas muy duras, bajadas de controlar bastante la bici y una subida imposible de subir. Cuesta bastante en modo empujabike.

La salida estaba prevista a las 9:00. Como la marcha lleva el apellido de la fábrica de vidrio, allí nos tuvimos que meter todos apiñados. Tras un vídeo en homenaje a Deme se dio la salida 15 minutos más tarde. Además del mencionado Loren de Ávila, de Sexmeros estábamos Wandar, Fonsi, Iñaki, Guillermo, Juan Carlos, Armando, Jarri y de apoyo logístico cervecil Juanma.

Pese a que les había dicho yo salir tranquis, me dio un tabardillo y salí cagando leches, adelantando a unos cuantos por las calles de La Granja, para evitar los dos tapones a poco de empezar: La Fuente del Cochero (que lo habían apañado muy bien echando un camión de arena) y el del puente del Río Eresma.

Pero tras ello, la subida de Pionías fue en hilera de a uno y a paso de burra. Así como la siguiente subida hasta la misma Cruz de la Gallega. Se trata de una vereda estrecha y cada vez más empinada, con alguna que otra raíz. Me sigue pareciendo sorprendente ver que cuando un ciclista que te precede echa el pie a tierra y le pides paso se vuelve teniente y no te hace ni puto caso.

En la Gallega fuimos adelantando unos cuantos más, pero sin forzar, que esto acaba de empezar. En la bajada hasta el Cordel de Santillana, pasando por la Fuente de San Pedro, más hilera de a uno. Echando mano del freno, mucho más de lo que me gusta, pero imposible pasar. Incluso cuando el camino se hace más ancho, ves a alguno que va de lado a lado y tienes que decidir si adelantas o no, no sea que te lo lleves por delante.

En la siguiente subida, otra gran hilera tipo procesión, donde tuve que parar de repente y besé el suelo. Después, a seguir guardando cola detrás del que te precede, animándole para que no pare o eche pie a tierra. Eso sí, siempre hay algún gelipollas que no respeta la cola y se cuela por donde puede. Por esta parte alcancé a los piratas de Con Mi Apoyo. Iban más de 10 contando con Deme.

Luego le sigue una zona divertida de toboganes. Después se cogen desvíos chorras para llegar a la cola del pantano de Revenga. Para mí sobran en una marcha tan larga y dura. Luego siempre hacen falta las fuerzas y el tiempo. Es una tontería desperdiciar ambos ahora.

Antes de la cola del pantano, hay un punto de asistencia técnica, después viene una zona algo técnica. Al tener que ayudar los piratas a Deme se produce algún parón y atasco, donde ootra vez los gilipollas que no pueden esperar se cuelan provocando caídas de los que les preceden. Tras este punto viene un rampón cojonudo, donde unos pocos conseguimos subirlo sin echar pie a tierra. Y después: la Cañada. Donde me dije: “bueeeno, voy a esperar un poco a mis compis” Mirando hacia atrás veía una larga fila de bikers, entre ellos los rojo y amarillo de los chicos de Con Mi Apoyo.

De repente vino Guillermo, me hinchó la cabeza y decidí tirar. No paré ni siquiera en el avituallamiento justo antes de empezar el Pasapán. Un puerto de 8km al 7% de pendiente media. Por el camino estaba el trastornao del Galo y nos hizo una foto. Coroné en algo más de 43 minutos y seguí a toa mecha hacia abajo y hacia arriba, porque esta zona tiene subidas y bajadas pronunciadas, antes de bajar el cortafuego hasta la pista del valle del río Moros. El cortafuego es algo más de medio km con bastante inclinación hacia abajo, mucha piedra suelta, camino muy roto y bastante hecho polvo por los bikers precedentes. No te puedes lanzar en exceso. Una caída aquí puede ser terrorífica.

Tras ello, 5 kms buenos hasta el temido Marichiva. Es terreno más bien ascendente, pero permite relajar piernas y brazos y manos.
La subida a Marichiva son apenas 700m con mucho desnivel. Camino muy, muy roto. Con muchísima piedra suelta. Aguanté lo que pude antes de echar pie a tierra. En esta ocasión fue rodilla a tierra. La verdad es que me hice bastante daño. Luego me dolía la rodilla cosa mala pedaleando. Incluso días después ando fastidiado. Tras Marichiva seguí subiendo un poco más, sólo que mucho más a gusto.

Km 40: Puerto de la Fuenfría. Avituallamiento. Paramos a comer y beber algo y, de paso, esperar a nuestros compis. Tras más de 20 minutos esperando y con un dolor de rodilla de cojones, decidí tirarme patapúm pabajo, esquivando hordas de andariegos (jamás me encontré tanta gente por aquí), por el GR10; por el mismo que hacía 2 años tuve un revolcón con tajo abierto en el gemelo derecho. El camino está de pena. Tirando de freno donde había que hacerlo, pero soltándolo cuando se podía. Atravesamos el arroyo Minguete y seguimos dirección a Las Pesquerías. Antes de llegar me dieron calambres en la pierna de la caída. Ya ves tú, sin dar pedales!! Paré, estiré y a seguir. Crucé el Río Eresma alentado por un buen grupo de senderistas, que no creyeron que pudiese hacerlo sin echar el pie al río, como les había ocurrido a todos los que lo hicieron momentos antes que yo.
No pude disfrutar de los estupendo toboganes de Las Pesquerías, como hacía tan sólo un par de semanas disfruté, por temor a más calambres, pero tampoco fue mala la cosa. Así hasta llegar a la Boca del Asno y ver a Juanma y sus birras fresquitas.

Me tomé la primera en un pis pás. Empecé la segunda ya pensando en tirar directamente hacia meta. Así se lo comentaba a Juanma. Pero fue venir Wandar y Fonsi y decir: “seguimos” y cómo negarme??!

Terminamos de bajar hasta Valsaín a buen ritmo siguiendo a Wandar, que iba to lanzao. Mis piernas se habían recuperado, pero a ese ritmo lo veía yo un poco malito….

En el CENEAM, división de ruta larga y media, y punto donde empieza el auténtico rock’n’roll. Empezamos la subida hacia la Fuente del Ratón, a medio ritmo, más o menos agrupados. Pero a la altura del Arroyo Peñalara giramos a la derecha, y nada más cruzar el arroyo giramos de nuevo a la izquierda por el primer camino que hay. El desnivel es empinado pero asequible. Hasta que giras a la derecha en una curva cerrada y pedaleas hasta donde puedes, después empujas la bici, hasta que ves que te puedes volver a subir y seguir sufriendo. Por ahí había un fotógrafo muy entregado, que nos hacía fotos, corría hacia arriba y volvía a hacernos más fotos.
Por fin se acabó el camino, salimos a la pista forestal y vimos otro avituallamiento. Paramos, comimos y bebimos. Llegó Wandar y yo seguí en breve, poco a poco, pero seguí. La rodilla, al parar, me dolía más que dando pedales. Pero ahí detrás venían ya el resto. Las cuestas eran bastante empinadas. Alguna era terrible, como la que nos quedamos “doblados” Wandar, Fonsi y yo. Con las piernas como tablones. Tras las fotos y las risas que nos echamos, seguimos a modo empujabike esa cuestaza tan larga y tan empinada. La altitud rondaba los 1800. Llegamos a superarlos, por cuestas cojonudas, veredas, piedras, arroyos, barro, cientos de piñitas, raíces,… hubo alguna cuesta bastante más corta pero demasiado empinada como para jugarnos otro calambre, así que directamente nos bajábamos y modo empujabike.

Llegó una bajada y nos creímos felices. Incluso con algún tramo bastante inclinado hacia abajo. De los de echar el culo bien atrás. Infelices….

Tocó volver a subir….tocó volver a sufrir. Pero, cuando pasamos por una pradera familiar, recordamos que estábamos cerca del Chozo Aránguez y que por fin tocaba bajar. Que no significaba felicidad, no. Algún tramo era de buena y rápida bajada. Pero otros….
Salto del Corzo, Raso del Pino y aquí tocó una bajadita cojonuda ya. Cruzamos el Arroyo Carneros. Reagrupación. Bajada rápida hasta la Fuente del Chotete y desvío por el camino que sale en frente. Peligroso y jodido. Camino de cabras, vaya. Tirando de freno, con las pastillas echando humo, las manos cansadas ya, más que las piernas. Giro de 180º a la derecha, hacia el rincón del Abuelo. Tras cruzar otra vez el Arroyo Carneros empujabike de nuevo. Luego una zona chula hasta el arroyo Morete, con algún tramo técnico. Lo mismo desde aquí hasta el Esquinazo, donde esperamos Wandar y yo a Fonsi, que se la había salido la cadena.

En la bajada desde el Esquinazo a La Granja dos puntos que no nos gustaron: dos pasos peatonales por donde pasar la bici, bastante complicados; y sobre todo el segundo. Pero bueno, la cosa estaba hecha ya.

Terminamos llegando a meta los tres juntitos con un tiempo total de 6h03’. 4h58’ de pedaleo. Donde nos tomamos unas birras fresquitas, lavamos bicis con unas karcher que había allí. Y tras la ducha (con agua caliente!!!) otras birras más esperando que se hiciera la paella. La cual degustamos pasadas las 17:00h

USUARIOS WIKILOC
– Ruta muy dura a nivel físico
– Con tramos técnicos hasta el CENEAM (km 50)
– Con tramos jodidísimos a partir del km 50
– Con un nivel de exigencia brutal también a partir del km50
– Bajadas complicadas también y puntos peligrosos


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