Visita fugaz, de perdios al monte y experiencia única en la isla.

La semana del 6 al 11 de Mayo aterricé en Segovia para disfrutar unos días de mi familia, amigos, de mi Ciudad y de sus tesoros con mis socios Sexmeros.

Nada más aterrizar, llegar a casa y dormir pues al día siguiente, ya tenía ruta en bicicleta de montaña con los amigos y guiados por nuestro socio explorador Alberto Roman que nos hizo una ruta por los alrededores de Segovia que fué una delicatese. Ya tenía ganas de sacar la bicicleta de montaña y disfrutar por la sierra. Nos juntamos al final, Alberto, Juan Carlos y Emilio con su turbo-electric que al final tuvo que ser remolcado hasta el bar para acabar la ruta.

Visitas de aquí para allá, toma una caña de cerveza con los amigos, toma un vino con una buena tapa con más amigos, mira que chuletón nos vamos a apretar… y cosas típicas segovianas…. que desde hace tiempo añoro y valoro como si no hubiera otra cosa mejor en este mundo.

Aproveche bien la visita y dimos un buen empujon a la organización de la Marcha MTB del Sexmo de Cabezas 2017, nos juntamos los socios una tarde para agilizar trámites, visitas a la Junta de Castilla y León y al Instituto Municipal de Deportes de Segovia para “pelearnos” y exigir algo más de atención y comprensión para no bombardearnos la organización del evento donde tanta ilusión y tiempo libre invertimos. Si soy sincero, no sali muy contento por la atención recibida (como siempre) donde desde el lado del ciudadano, creemos que se puede hacer algo más o simplemente, hacerlo.

Otra mañana volvimos a subir a los montes segovianos con uno de los socios fundadores de este club, el gran Juan Fernández, que vino desde la Tierra de Pedraza, para perdernos por la sierra, jajaja Una ruta muy chula entre los pinos y los senderos que conducen a todos los sitios y a ninguno. Un buen rato en la bici para disfrutar en compañía de Juan. También hicimos alguna que otra parada técnica para sacar el mapa y orientarnos. Alguna foto tiramos también como esa donde salen los calcetines de nuestros amigos de Cabezuela Bike.

Para rematar la faena, visita a Colle para degustar de esa fantástica comida casera y unas cervezas. Probablemente haya sido mi última visita pues el negocio se traspasa y Dani ya no nos podrá servir tan divinamente como siempre lo ha hecho. Te deseo lo mejor en tu nueva etapa y aprovecho a enviarte todo el afecto del Club Deportivo Sexmeros por “mantener nuestra línea siempre como debe estar”.

Y ese mismo día por la tarde, a preparar las maletas de nuevo, porque en esta ocasión no me subía en un avión con destino a Londres, si no que hacia una escala de 5 días en Mallorca.

Sí, lo has leído bien, una escala de cinco días en esa isla tan chula donde tenía muchas ganas de ir para reencontrarme con esos grandes amigos del Marga Fullana Team, conocer a nuevos amigos y disfrutar de una nueva experiencia, una competición de puro MTB. La idea original consistia en tres días con tres carreras en diferentes circuitos diseñados por los chicos y chicas del Club Cala d’Or Caldentey que habían preparado todo con mucha ilusión y esfuerzo y a última hora por temas de permisos se lo cancelaron. Aún así, sacaron fuerzas y organizaron la carrera de resistencia de 2 horas y media en un circuito donde las habilidades y la destreza de los participantes era muy necesaria para sortear todos los obstáculos y no aterrizar en el suelo.

Georgia me atendió como si fuera un hijo que vuelve a casa por Navidad y recibí una hospitalidad digna de principes de alta cuna.

Fuí un gran afortunado al poder pedalear con una bicicleta prestada de Marga, que aunque no os lo creaís, hay que dar un curso avanzado y tener más de 1.000 horas de vuelo para pilotar ese bicho. Como un niño con una bici nueva, eternamente agradecido.

Mi amigo Popossa me llevó a practicar con esta bicicleta por unos sitios chulísimos y por fin conocí la famosa Ruta Marga Fullana allí en San Lorenzo de Cardassar. Impresionante la cantidad de ciclistas de carretera y de mountain bike que se ven por la zona.

En mi caso, me asignaron a un fuera de serie llamado Mateu, aunque no nos conocíamos de nada, de sobra sabía yo que iba a ser un estorbo para él, ya que yo nunca había participado en este tipo de eventos competitivos. Nada más dar la salida, y tal y como me había dicho, salió como un “sputnik” como el resto de participantes y en mi afán de no perderlo de vista e intentar ir lo más cerca de él, lo debí adelantar sin querer en algún punto que le perdí la pista. A los pocos minutos ví a lo lejos un participante que vestía la misma equipación y como si el diablo pedaleare detrás de mí, apreté los dientes y empezó mi persecución para intentar llegar a su altura (y matarle), pero fracasé en el intento y después de algunas vueltas desistí.

Para entonces, me informan en el avituallamiento, que mi compañero va detrás de mí y que yo estoy persiguiendo a otro de su club que viste igual, y pensando que ya podía respirar un poco, veo llegar a las dos titanes de Rocio y Marga acompañadas de Mateo y seguimos al mismo endiablado ritmo. Antes de finalizar la siguiente vuelta, Marga sufre un pinchazo en la rueda y nos paramos los tres para ayudarla con la avería, conseguimos apañar el pinchazo y llegar hasta la zona de avituallamiento donde esta Pere, su mecánico para poner una cámara y poder continuar. No sin antes, tener que pegarme un sprint para adelantarme e ir avisando al mecánico del infortunio de su corredora, casi se me sale el corazón. Una carrera de lo más divertida y donde he podido sentir ese espíritu competitivo del que tanto suelo renegar. Compartir momentos así, con dos deportistas de la clase de Rocío o Marga me hicieron disfrutar como un enano.

Al finalizar el evento, los chicos y chicas del club nos tenían preparada una “torrada” (que dicen allí) o chuletada o parrillada en otros sitios, para todos los asistentes. Una maravilla, pues el cuerpo pedía repostaje liquido y solido. Después de la cena, una copichuela en la disco de Fernando (Un bar con encanto) y vuelta al hotel, porque el domingo por la mañana los amigos del club Cala d’Or Caldentey nos iban a llevar de “PASEO” a dar una vuelta por su isla. Unos senderos espectaculares que nos llevaron hasta la misma playa y con parada en un bar a hidratar el body.

En resumen, una experiencia maravillosa e inolvidable donde he disfrutado un montón y me llevo un gran recuerdo. Si quieres que te cuente más y más cosas de las vividas allí, entonces tendrá que ser con unas cañas en la mano y en vivo y en directo.

Ya, de vuelta en Mordor, con la lluvia todo el día.