La senda del Duratón y excavaciones de Confluenta.

25 de agosto 2018

El Club Deportivo Sexmeros no solo hace rutas en bici. Una de sus razones de ser es dar a conocer nuestra tierra, recuperar del olvido a nuestros pueblos, rememorar los Sexmos, fomentar la vida del entorno rural…

El sábado 25 de agosto, día de San Luis, varios socios se dieron cita a las 9 de la mañana en la plaza de Duratón. Acudimos Josema, Candi, David Sanz, Santi, Alberto y su hermano Luis, y yo, Ismael.  Fuimos puntuales, y a la hora convenida encajábamos las calas y comenzábamos a dar pedales, aún con la fresca.

Se agradecía un corta vientos o unos manguitos. Fuimos por carretera hacia Sepúlveda; nos pilló en frío una subida interesante, hasta dar los buenos días a un control de la Guardia Civil. Entramos a la villa de Sepúlveda por cima de la Subida de la Picota, desde donde veíamos la plaza de toros; acababan de entrar los toros del encierro, y como nosotros bajábamos sorteando gente hacia la plaza Mayor, los noctámbulos bromeaban como si fuéramos los toros del encierro volviendo sobre sus pasos.

Tras sortear la impresionante cola de la gente que iba a comprar churros, bajamos con el aroma del manjar en nuestras pituitarias y dejamos la carretera en la rotonda donde confluye la carretera que sale hacia Villar de Sobrepeña y la que viene del mirador de Zuloaga. Antes de comenzar la senda nos topamos con el puente de Talcano, con la preceptiva foto que otro ciclista se ofreció a captar.

La senda recorre la orilla derecha del río Duratón, siguiendo su curso hacia Sebúlcor. Hay que ir con precaución, porque es muy frecuentada por senderistas; el buen rollo reina entre los amantes de la naturaleza que caminan y los que pedalean; nos cruzamos “buenos días” y gracias al ceder el paso. Además hay que recordar varios puntos (apenas dos o tres) en que lo recomendable es echar pie a tierra, por las piedras, raíces… La senda es estrecha y hay que ir en fila India. Impresiona mirar las paredes de piedra que nos encierran junto al río, y aunque la hora de la fresca ya ha pasado, lo umbrío del terreno y la proximidad del río hacen que siga la sensación de frescor, agradable en estas fechas, por otra parte.

Paramos varias veces para hacernos fotos, la verdad es que el paisaje es increíble. Íbamos guíados por Candi, siguiendo su rodada. Los diez kilómetros ofrecen pequeños repechos, zonas rápidas, tramos para esquivar zigzagueando los troncos de los chopos, alguna bajada técnica. Se ve que es un Parque bien gestionado y mantenido. Hay tramos de vegetación espesa que se aprecia que se ha desbrozado, cada cierto tiempo los carteles nos recuerdan que no está permitido salir del camino (todo un lujo ahora que en otro parque nos prohíben ciclar los senderos y caminos).

Al final de la senda hay un chiringuito, pero íbamos con hora para que nos hicieran la visita guiada de las excavaciones. Josema es quien propuso esta actividad, y realiza reportajes fotográficos de excavaciones por toda la provincia. No en vano en febrero hemos asistido, tras otra ruta, a la exposición que se realizó en el Museo Provincial, el que fuera antiguo matadero, cerca del Alcázar, donde pudimos apreciar sus fotografías, realizadas en Bernardos, Coca, Duratón, Otero, murallas de Segovia, etc. Al igual que en esta ruta disfrutamos de las explicaciones y solución a nuestras dudas por Santiago Martínez Caballero, director de las excavaciones y del Museo sito en la Casa del Sol. Muy agradecidos de que compartiera con nosotros el fruto de su trabajo y su sapiencia.

Como las explicaciones y las excavaciones nos esperaban, decidimos en Villaseca que vendremos otro día a la ermita de San Frutos. Así que tras subir una buena cuesta, kilómetrica ella, hicimos avituallamiento, y enfilamos carretera comarcal, pasando de nuevo por Sepúlveda en fiestas, donde habían cambiado el chocolate con churros por el almuerzo del segador. Nos hicimos una buena foto en la plaza, y Josema, como no llevaba nevera les compró unos churros calentitos a sus colegas arqueólogos. Volver a subir hasta lo alto de la Subida de la Picota desde el desvío hacia Boceguillas y Grajera se las trae, parece que has acabado al llegar a la plaza del pueblo, pero hasta salir de Sepúlveda dirección Perorrubio queda un buen trecho.

A modo de resumen, os comentaremos que Duratón es un pequeño pueblo, junto al río del mismo nombre, que si bien ahora pertenece al municipio de Sepúlveda, antaño le quitó todo el protagonismo. Los romanos desestimaron asentarse en Sepulveda, dado que pretendían un asentamiento desde el que gestionar un extenso territorio; en la actual provincia de Segovia ya estaban la ciudad del acueducto y la que vio nacer a Trajano, Cauca. A ella se añadiría Confluenta, aprovechando la situación privilegiada del altiplano desde el que se otea la comarca entera. Las excavaciones realizadas y las pendientes de realizarse, siguiendo las pistas de las fotografías aéreas, nos descubren los pocos restos no expoliados a lo largo de los siglos.

Desde finales del siglo II y principios del I antes de Cristo hasta el siglo VIII Confluenta gozó de esplendor, (habiéndose podido demostrar reformas y rehabilitaciones en sus termas durante el siglo II después de Cristo) hasta que los visigodos decidieran, por razones estratégicas y de defensa, volver al primitivo asentamiento de la zona, Sepúlveda, Villa que en la Edad Media fuera ejemplo de convivencia de las tres culturas. Desde aquel lejano siglo VIII hasta la actualidad los materiales de las ruinas de la ciudad de Confluenta fueron expoliados y usados para construir en todos los alrededores. Además de haber albergado una ciudad que se extendía unas 75 hectáreas contando con los arrabales, Duratón cuenta en su haber con una preciosa iglesia románica, del siglo XIII, con capiteles diferentes en cada arcada, la cual está construida junto a la mayor necrópolis visigoda que se conoce.

Finalmente. Bajamos al pueblo desde la excavación y comprobamos la temperatura de unos botellines en el club social, cargamos la bicis, y a casa con el recado, y unos buenos recuerdos en la mochila. La experiencia fue muy agradable, diferente y enriquecedora, y el camino junto al río una pasada.

Hay que volver.